En busca de las 6 llaves ¿Por qué?

Cuenta la leyenda que hace muchos años existió una pareja, Briseida y Celedonio que conocían el secreto de la auténtica felicidad. Tuvieron 6 hijos, 3 niñas y 3 niños. Todos ellos virtuosos, alegres, rollizos y por supuesto, conocedores también del secreto de la auténtica felicidad.

Una noche muy fría, Briseida y Celedonio estuvieron pelando la pava fuera de casa y claro, al siguiente día, murieron de pulmonía.
Porque hace mucho frío en Rascafría.

De los retoños se hizo cargo Cojolindo que era hermano de Briseida. Cojolindo se moría de ganas por conocer el secreto de la auténtica felicidad y aplicando viles castigos a los 6 herederos del gran misterio, intentó durante años ser conocedor del mismo.

Al no conseguirlo, decidió separar a los 6 hermanos para siempre. Les encerró en 6 habitaciones separadas y siempre llevaba consigo las 6 llaves de las puertas.

Esto llegó a oídos de los aldeanos, que decidieron hacer muchos kilos de pasteles y llevárselos a Cojolindo.
Eran los pasteles más deliciosos que nunca había probado nadie y puesto que el malandrín padecía de gula impenitente, se pegó tal atracón, que al día siguiente la palmó, pero antes lanzó una maldición.

Pasaron los años y los 6 hermanos se hicieron mayores. Siempre estuvieron juntos. Todos formaron sus propias familias y fueron muy felices.
Con el transcurrir del tiempo se hicieron muy viejitos y fueron muriendo.

Entonces el espíritu de Cojolindo les estaba esperando para volver a separarles. Se dice que puso 6 puertas a la entrada de la sierra de Guadarrama, hoy día Rascafría. Cada puerta está cerrada con una llave que da acceso a la morada de cada uno de los 6 hermanos y todas las madrugadas, Cojolindo cambia la cerradura de cada una de las puertas, para que nadie pueda hacer copia.

Los 6 hermanos lloran siempre que no pueden estar juntos y de esas lágrimas nacieron los 6 arroyos que llevan sus nombres.
Artiñuelo, es el mayor y el que da nombre al arroyo que pasa por medio de Rascafría.
Cardoso es el segundo, de pelo encrespado y con pecas.
Vibrón fue el tercero, contaba muy buenos chistes y le pusieron de mote «Víboras».
Cancha vino inmediatamente después. Tenía la boca un poquito grande, si.
Redonda es la quinta. Era gordita y tenía un puntillo. Los que saben música ya me entendieron.
y Calderuelas fue la más pequeña. Las sopas de ajo la volvían loca.

Hoy en día, debido al esfuerzo de intrépidos exploradores, sabemos las coordenadas de los sitios dónde Cojolindo guarda cada una de las llaves, pero cómo todas las madrugadas las cambia, no podemos hacer copia. Por eso, todos los días que podemos, vamos a cada uno de los escondites para  capturar la llave que abre cada morada y ponemos una falsa en su lugar.

A ti, intrépido explorador, te invito a que vengas a «Trigo y Café» para recoger una llave falsa, encuentres uno de los lugares donde Cojolindo esconde la llave verdadera, que las cambies y nos traigas la llave auténtica. Cómo recompensa te obsequiaremos con uno de esos pasteles que Cojolindo no pudo parar de comer. Se llaman «Monasterios» y otro día te contaré la historia.

Dice la leyenda que el día que se abren las 6 puertas a la vez, son tan felices todos los hermanos al volver a reencontrarse, que se encargan de dispersar todos los problemas de los exploradores que han hecho posible la hazaña, para que encuentren la auténtica felicidad.